Toda novela que es publicada en este blog son adaptaciones, nada me pertenece.
María

domingo, 2 de agosto de 2015

Novela Let Me Die - Capitulo 26

Capítulo veintiséis. –Let me die.

''Ella no quería morir, ella quería vivir pero feliz''


Mierda.

Mierda.

Triple mierda.

Bajó las escaleras sin los zapatos, y con el pelo todo alborotado. Miguel, esperaba impaciente en la cocina con una taza de chocolate caliente en las manos. Al ver el reloj de la cocina, vio que era demasiado tarde: Las cuatro de la mañana. Él le había dicho que se quedaría a dormir en un hotel. Pau hizo una mueca al entrar donde su padre.

—Antes que me castigues o me digas algo… Lo siento, no sabía que iba a llegar tan tarde, y tampoco tenía planeado ir de fiesta, sólo quise acompañar a Emma ¡Además! —Dijo con un tono de emoción. —Tú quieres que tenga una típica vida adolescente, y esto es lo que hacen las adolescentes…
—Me alegro que entiendas, ahora… —Junto sus manos en la mesada. —Castigada, un mes, sin salida, sin citas, sin tu novio, y solo pueden venir a casa pero, tú no sales… —Le señaló con el dedo, y luego dio media vuelta. —Que descanses. —Besó la cabellera de la chica, y estaba a punto de salir por la puerta cuando el gritó de su hija le penetró por los oídos.

— ¡¿QUE?! ¡Estoy a salvo, papá! No hagas esto.

—Pau, tú no eres de salir, no te puedes quejar. —Se dio media vuelta, y siguió caminando.

—Pero quiero hacerlo, si quiera a la tarde para ir con Diego o Emma…

Su padre hizo un ruido con la boca negando esa petición, tomó otro sorbo de su chocolate caliente, y lamió sus labios.

—Un mes. Castigada. Sin citas. Sin salir. Sin Diego.

……………

Una semana. Una puta semana. Sólo eso había pasado del castigo, y cada día pasaba más lento de lo normal. Su padre nunca estaba en la casa, pero la tenía totalmente vigilada. Colocó cámaras por toda la casa, y activó unos sensores para que Paula, si tenía ganas de salir a la tarde, no pudiera hacerlo… Cada vez que atravesaba alguna puerta o ventana, la alarma sonaba y la hacía volver a entrar a la casa.

Ella estaba rodeada por todas las paredes de la casa, sin poder salir. Sólo su padre sabía cómo desenchufar todos los cables de esta cosa mecánica. No sabía, más bien, no tenía la más pálida idea de que Miguel hiciera tal cosa, por un momento llegó a pensar que realmente estaba loco, pero era su padre… Aunque no lo entendiera, quería hacerlo.

Cada vez, que llegaba desde el Instituto a la casa, y pasaba la puerta, se escuchaban unos sonidos que aseguraban que si salía, la alarma sonaría.

Una tarde, mientras leía un libro que encontró por ahí que no era para nada interesante, alguien tocó a su ventana. Era Pedro. Siempre ahí, espiando y molestando. Una sonrisa se atravesó por sus mejillas. No le esperaba.

Llegó a la misma, y la abrió. El chico pasó y se sacudió.

—No puedes estar acá.

Pedro sonrió con su hermosa sonrisa torcida.

—Si puedo estar acá… —Se sacó su gorra de beisbol, y se la acomodó. —Tengo un plan, ¿quieres participar?

Paula cerró su libro que todavía lo tenía en mano, lo tiró sobre el escritorio. Dio media vuelta, caminó a la cama, y se sentó. Le ofreció un lugar a Pedro, quien se quedó parado.

—Cuéntame. —Pidió Paula.

—Estás castigada por un mes, ¿cierto? —Paula asintió frunciendo los labios. — ¿Sabes lo que hacen los adolescentes cuando están castigados y sus padres no están en casa? —Paula negó con la cabeza, y Pedro formó una sonrisa. —Se escapan, y ahora es tu turno.

—Lo pensé pero… ¿sabes algo? ¡Estoy rodeada por cámaras! —Exclamó frustrada, su padre estaba loco, completamente.

—No lo creo… Una gran persona, si puedo decir, sacó todos los cables que conectaban las cámaras y las alarmas, no hay nadie que te detenga, excepto tu misma.



Hubo un trayecto de una hora hacia un lugar desconocido donde Emma le esperaba a Paula, y a Pedro. Cuando llegaron, eran como las seis de la tarde, había una pequeña fiesta de tarde en un lugar como un parque pero sin ser uno, digamos que tanto como la rubia y el chico tenían contactos por todos lados, y siempre estaban invitados a fiestas donde podían llevar acompañantes, y en este caso a Paula.

Ella vestía unos pantalones de cuero negros, con sus converse, y una remera holgada que decía “Freedom”, su madre de la compró unos días antes de morir. Fue el último regalo que le hizo, y el último que alguna vez, le volvería a hacer.

Cada vez, anochecía más, y más. La rubia y la castaña bailaban al ritmo de la música, mientras Pedro estaba por ahí con una chica bailando totalmente apretados, realmente, esas escenas a Paula no le gustaban, daban asco. Las mujeres dejaban tocarse por hombres que apenas conocían, y hombres, quienes tienen novias, toquetean a cualquier chica que se les cruce por el camino siempre y cuando tengo unos grandes pechos, y un grande trasero.

Paula agradeció ser tan alejada del resto para no ser de esa forma, a veces Emma daba a pensar que era de esa forma pero, ella siempre se dejaba tocar por un chico, si él era su novio. Aunque, en parte, no estaba bien… Dejarse tocar por cinco o más chicos en tres años.

Eran como las nueve de la noche cuando, Emma y el chico misterioso de la otra vez, empezaron a moverse una contra otro. Paula dejó aquel lugar, y caminó hacia otro lado donde no se escuchaba la música, y no había nadie o eso pensaba.

Escuchó unos pasos por detrás de ella, cuando giró la cabeza no había nadie. Y por el lado izquierdo, volvió a sentir la presencia de una persona, podía ser cualquiera.
Iba a hablar pero, prefirió callarse.

Alguien salió corriendo por detrás de un árbol, y le tiró al piso golpeando su cara contra el pasto, que estaba un poco mojado por el rocío de hacia unas horas.

—Te callas porque, juro que te perseguiré hasta tu último maldito día, estúpida. —Le susurró una voz femenina, tan conocida… Sandy. —Así que te ves con mi novio, hija de puta.

Le soltó el pelo, y se levantó de arriba de ella. Paula dio media vuelta en el piso, tenía los ojos llenos de lágrimas. Se había lastimado, su nariz sangraba.

Escuchó el grito de su nombre a lo lejos, era la voz de Pedro.

—Escúchame bien… Vas a decir que te caíste, pero, créeme que voy a vengarme.

Se volvió a esconder, y Paula quedó tirada en el piso, hecha una pequeña bolita, estaba lastimada, había caído con las rodillas en el pasto, y eso era totalmente doloroso debido a que estaba duro, y no era blando.

Pedro llegó a su lado, y al verla de esa manera, se fijo por los costados pero, nadie estaba cerca. Se agachó, y la tomó entre sus brazos… A unos dos metros, vio un banco y con un paso rápido, llegó hasta ahí donde depositó a Paula.

— ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? —Preguntó, acomodándole el mechón de la cara.
Paula sólo negó con la cabeza, y se sentó en la banca. Empezó a llorar mientras que, con la manga de su remera, se limpiaba su nariz, de esta salía sangre… Mucha sangre. Pedro la abrazó, y cuando Paula tenía su cabeza en el hombro del chico, Sandy apareció de espalda, y le miró por unos segundos hasta salir corriendo.

Tenía miedo, mucho miedo, y tendría que hacer todo lo posible para alejar a Pedro de su vida. No era la clase de persona que ella creía, pero, si alejarse de él, la mantendría a salvo eso haría.



Entraron a la casa por la ventana, y Pedro estaba a punto de irse cuando Paula le detuvo, pidiendo que se quedara unos cinco minutos más porque tenían que hablar.

—No quiero que nos veamos más. —Le dijo, más bien fue como una súplica.

Pedro frunció el ceño, y después de unos segundos, sonrió, pensó que era una broma. No se llevaban mal y de la nada, le dijo esto.

— ¿Qué? —Preguntó Pedro.

—Lo que escuchaste, no quiero verte más.

Pedro tragó gordo, las esperanzas de que fuera una puta broma se habían ido y por el tono de voz que Paula utilizaba sabía que hablaba seriamente. Se sentó en el escritorio, y cruzó sus brazos.

— ¿Por qué dices esto?

—Solo, quiero que te alejes de mi vida, no quiero tener nada que ver contigo, Pedro, ¿vale? Es por nuestro bien. —Le dijo, y se sentó en la cama.

Pedro agachó la cabeza, y mordió su labio.

—No puedo irme así como así, ¿sabes? No se si te habrás olvidado pero, me importas, y cuando alguien…

— ¡Te quiero lejos! ¡No te quiero tener cerca! ¡Entiéndelo! Ponte en mi lugar una sola vez… No sabes que se siente hablar con la persona que te dejó millones de marcas en toda tu alma. —Le exclamó. Tenía ganas de llorar, no porque le decía tales cosas a Pedro, sino porque traía recuerdos totalmente feos. Así unas semanas que no tocaba sus navajas, que sus muñecas estaban libres… Y ahora, estas parecían abrirse de a poco.


—Si piensas que voy a dejarte, te equivocas, Paula.

Novela Let Me Die - Capitulo 25

Capítulo veinticinco. –Let me die.

La fiesta había terminado, y la mayoría de las personas se habían ido. Paula manejaba el auto de Emma quien reía en el asiento de Copiloto. Pedro iba en el asiento trasero, le pidió a la castaña si lo podía dejar en su casa, ya que su auto se había roto… Emma se sentó recta contra el respaldo, y prendió la radio a todo volumen, empezó a gritar la canción que sonaba, Paula no soportó tal ruido, y la apagó. Cuando la rubia iba a quejarse, unas sirenas de policía aparecieron detrás del coche.

Mierda.

Paula no tenía licencia para conducir este auto, no era de ella… Además, tenía diecisiete, era menor de edad y lo peor de todo, que no era muy buena mintiendo cuando no conocía a la persona. Supuso que Emma tampoco tenía su licencia en su cartera ya que, era demasiado irresponsable. Paula paró a un costado de la carretera, y le pegó una cachetada a Emma para que despertara de su maldita nube.

—La policía nos va a arrestar si no cambiamos de lugares, y haces que tú estás conduciendo, Emma. —Le dio un sacudón, y Emma abrió los ojos muy ampliamente.

— ¿La policía? —Preguntó, y vio las sirenas por el vidrio trasero, y entonces, entendió. — ¡Paula! ¡Muévete!

Pero, cuando quisieron cambiar de asientos, el policía ya estaba contra la ventana, y le había dado unos golpes para que estas la bajaran, y así fue lo que hicieron… Bajaron la ventanilla, y el señor que tendría unos cincuenta años apareció con todo su traje, y placa con nombre y apellido.

—Licencia, por favor.

Emma se la pasó a Paula desde su bolso… No sabía que la tenía, y cuando el policía, notó que la chica que conducía no era la misma que la foto, prendió su radio y habló con la estación. Paula quería pegarse un tiro, literalmente. Su padre iba a matarla.

El señor caminó hacia su auto, y la puerta de Emma se cerró.

—Tengo la patente, la arranqué del auto… ¡Arranca a toda velocidad!

— ¡¿Qué?!

— ¡Mujer, arranca el auto! —Le gritó con furia, y Paula apretó el acelerador…

La velocidad del coche empezó a subir, iban a unos 100km/h, el ruido de las sirenas todavía se escuchaba, así que, doblaron en la primera calle que pudieron, y cuando encontraron un callejón, estacionaron el coche… Apagaron el motor, y Paula soltó el volante. Nunca había hecho eso en toda su corta vida, y no tenía ganas de volver a intentarlo por más que hubiera sido divertido.

Pedro sonrió de lado cuando él auto freno y pegó un grito de alegría, Emma le copió la acción, Paula se recostó contra el asiento respirando con tranquilidad.

Ambos dos estaban locos por gritar como si su equipo de futbol preferido hubiera metido un gol y hubiera ganado una de las copas del Campeonato Local.

—Nunca más salgo de fiesta contigo. —Le señaló a Emma, y luego, giró sobre su asiento para señalar a Pedro. —Y tú, que supongo que eres un gran mentiroso, me hubieras ayudado a salir de esa sin tener que haber ido a tanta velocidad…

— ¡Oh, vamos! Fue totalmente divertido, Paula. —Exclamó Pedro con un tono alegre en su voz.

— ¡Fue asombroso! ¿No te divertiste? —Emma le golpeó en el brazo.

—Ustedes dos… Son las personas más dementes del maldito planeta.



Habían dejado a Pedro en su casa, y Emma se había quedado dormida todo el trayecto hasta la casa de Paula… Cuando entraron a la misma, todas las luces estaban encendidas. Y Miguel apareció por la puerta de la cocina cuando, la principal se cerró con fuerza debido al viento.

Una Emma borracha entró por la misma, y una Paula totalmente consciente también.

Tal vez, no la encontró en la cárcel por haber estado conduciendo un auto que no era de ella con una borracha y un estúpido chico que solo quiere divertirse pero, la encontró entrando a casa a escondidas y eso, nunca era bueno.

La observó de arriba abajo, tenía un vestido corto, y unos zapatos demasiado altos. Su padre quería que ella tuviera una vida de una vida de una chica adolescente pero, no deseaba que fuera de esas mujeres que salen sin avisar, y que nunca respetan las reglas.


—Ayuda a Emma a subir a la habitación, y después baja. —Le ordenó. —Tenemos que hablar.

Novela Let Me Die - Capitulo 24

Capítulo veinticuatro. –Let me die.

''Veía en tus ojos, algo que en los de ninguna otra podía ver''


Don’t stop party de Pitbull sonaba por los inmensos gigantes en toda la casa. Hace una hora que Paula bailaba con Emma, quien le obligó a ir a mover un poco las caderas. Cuando un chico, llegó por detrás y tomó de la cintura a la rubia, Paula se marchó, no era una bonita escena debido a que, el trasero de su amiga se movía contra el sistema reproductor masculino del chico.

Pidió un refresco, y se sentó en la barra al lado de una chica que estaba muy al descubierto, los chicos pasaban y le silbaban además de gritarles algunas cosas, ella parecía ignorarlos aunque algunas veces, les gritaba en respuesta cosas como: “Imbéciles.” “Ve a gritarle a tu madre.” Desvió su vista de ella, quien miraba su celular, y la elevó para mirar a Emma besar a ese chico.

Un chico pasó sus brazos por los hombros de Paula y los juntó delante de su cuello, después besó su cabellera. Por un momento, pensó que era Diego pero, al mirar sus brazos llenos de tatuajes supo que no era él… Se alejó de aquella persona, y cuando giró para mandarlo al diablo se encontró con Pedro, quien tenía una sonrisa torcida en su rostro.

—Imagínate siendo viejo con todos esos tatuajes.

— ¿Tú no tienes tatuajes? —Preguntó Pedro aún con la sonrisa en cara. — ¿Ni siquiera uno? —Se paró frente a ella y le miró a los ojos. No tenía lentes de contacto porque ya no los necesitaba, y ahora, podía verse su color natural en estos: el verde.

—No, ninguno. —Mintió.

—Paula, lo veo desde aquí, está en tu espalda.

Ups.

Se había olvidado completamente que ese lado de la espalda estaba descubierto. Siempre le había gustado ese tatuaje, se lo hizo como regalo de quince hace unos dos años. Decía “Free” en cursiva, tal vez a todos le parecía lindo pero, nadie sabía el significado de tal… Ser libre y podes hacer lo que quieras, ser libre sin tener que vivir con el miedo de que te lastimen en el Instituto, ser libre de cada insulto provocado por su mente… Solamente, ser libre en todos los aspectos que pueda haber de Libertad.

—Free —Dijo Pedro pensativo—. Sé que tienen algún significado importante para ti, pero no sé cuál.

—No lo sabrás, sé que tampoco quieres averiguarlo. —Le sonrió, y se paró de la barra con su refresco en mano para salir de la casa por unos minutos. Hacía mucho calor, y la música estaba muy fuerte, apenas se podía hablar sin gritar.

Sintió una cazadora cubrir sus hombros, y también como unas se apoyaban en estos. Sabía que era Pedro, y no soportaba tenerlo cerca, podía ser bueno hablar con él un minuto, dos o hasta cinco pero luego de eso, a Paula no le parecía genial. Era el tipo de chico que quería evitar, y cada vez le costaba más.

—No la necesito. —Se la estaba por sacar cuando Pedro la detuvo, negando con la cabeza. Sacó sus manos de sus hombros, y Paula se deshizo de la cazadora.

—A ver, Alfonso, arreglemos esto: No te quiero cerca, ¿ok? —Sonrió, nunca pensó que estaba siendo tan mala como la gente lo era con ella. —Me refiero a que, no tienes por qué acercarte a mí, yo soy una molestia para todas las personas, no quiero serlo para ti, ¿vale? —Se dio media vuelta, sin dejarle responder pero, él si le respondió. Realmente le gustaba esta chica.

—No quiero estar lejos de ti… Me siento una mierda por haberte hecho todo lo que te hice, y cuando trato de acercarme, me tratas mal, lo entiendo y lo merezco pero… duele. —Dijo, y Paula solo se quedó parada en seco. No le gustaba que se lo hicieran a ella pero, ella lo hacía pero, no tenía la intención de lastimar era solo que, el dolor, las marcas estaban totalmente aferradas a su corazón que no podía confiar en aquellas personas que alguna vez, le lastimaron.

—Lo siento, lo siento… Pero, no es fácil olvidar ¿sabes? Yo no puedo olvidar cada palabra, cada insulto, cada golpe por más que no fuera físico. —Sus ojos empezaron a brillar, ardían. No iba a llorar, no, no iba a hacerlo. —Lamento que tenga que hablarte de esta manera, pero es el mejor modo que tengo, no soy sensible con las personas que me dejaron completamente desgarrada por dentro… —Hizo una mueca con la boca, y el aire sopló fuerte. Empezó a hacer frío de repente, y cuando una lágrima amenazó con salir, Paula ya se encontraba entre los cálidos brazos de Pedro. Eso necesitaba, un abrazo por más que fuera de una persona que ahora desconocía totalmente.



No estaba lloviendo pero, al mirar el clima te dabas cuenta de que en cualquier momento, llovería. Paula y Pedro caminaron alrededor de toda la casa, escuchando la música que provenía desde adentro. Emma los había encontrado, y cuando vio a su amiga con el chico, le agarró desesperación, y corrió hacia donde ellos. Le había dicho que la soltase, pero Paula le dijo que estaba bien… Luego, volvió a entrar a la casa donde se desarrollaba la gran fiesta.

— ¿No quieres ir a dentro? Sé que eres de esos chicos que les gusta bailar.

— ¿Vienes conmigo?

Paula negó con la cabeza.

—Me siento totalmente ridícula así como estoy vestida, y no quiero ir allí adentro para que todos me vean por más que capaz no lo hagan… —Sonrió, y siguió caminando hasta que se apoyó contra un árbol para sacarse los zapatos de taco alto.

—Ahora te ves mucho más petisa. —Pedro se acercó donde ella, y la acorraló contra el árbol. —No te ves ridícula, estas completamente hermosa, Paula. —Dijo esto en un susurro. Sus labios casi rozaban, y cuando Pedro tomó impulso, Paula agachó la cabeza.


Pedro entendió eso, y repitió el acto de la castaña. Se alejó un poco, y entre un silencio que resultó ser incómodo siguieron caminando, sus manos chocaban, y Pedro tuvo que aguantarse para no tomarla.

sábado, 25 de julio de 2015

Novela Let Me Die - Capitulo 23

Capítulo veintitrés.— Let me die

“Es lo que está debajo de tu piel, la belleza que brilla en el interior, tu eres la única que mueve mi mundo, mi chica de portada”

Habían pasado dos semanas desde aquel último día, y Pedro no había aparecido nunca más en su casa, ni en su vida. Sandy seguía de la misma manera, y ahora que a él ya no le importaba más Paula, la novia de este le maltrataba del mismo modo que solía hacerlo.

Un día, llegó a su casa, con la ayuda de Emma, con la cara morada. La rubia de su amiga no fue ese día a clases, y Sandy aprovechó la oportunidad que se le apareció.

Paula recuerda que le había dicho que la dejase, que no podía respirar, y Sandy le respondió: “—Soy como el diablo, siempre voy a seguirte…” Desde hace días que esa frase merodea por su cabeza como un recuerdo de hace muchos años.

Era sábado, y Emma llegó de improviso a la casa de Paula con una bolsa llena de maquillaje, la planchita para el pelo, y una rizadora. La castaña se quedó atónita cuando vio a su amiga, además de que tenía una pequeña valija con cosas… Paula pensó en que se iba de viaje y pasaba a despedirla pero no fue así. Subió a su habitación, dejando algunas cosas en la cama, y otras en el escritorio de madera.

Paula tenía muchos, muchos, muchos vestidos que nunca había tocado. Su madre se los compró para que saliera de fiesta pero, era algo que a ella no le fascinaba. Leer un libro, estar en la computadora o ir al parque eran ideas más adecuadas a Paula, era algo tranquilo como su personalidad.

Sacó unos zapatos de fiesta, que eran muy altos, el taco debía de tener quince centímetros, eran totalmente preciosos pero, la castaña de ojos cafés nunca se los había probado, aún seguían en la caja. La cara de Emma cayó cuando vio semejante belleza frente a sus ojos sin usar. Quiso pegarle a su amiga, pero se resistió… Ese armario era el mundo perfecto para Emma.

Oh, lo era realmente.

—No entiendo qué diablos haces sacando todo esto, Emma.

—Hay una fiesta en de las casas de un chico que conocí hace tiempo, teníamos algo, y al parecer… ¡Se acordó de mí! Me invitó a una fiesta de último minuto, y por eso estoy aquí. —Suspiró, y tomó un vestido negro del ropero de Paula.

— ¡Claro! Toma el vestido que querías… Papá tuvo un problema con el auto en medio de la ruta, así que se quedará en un hotel hasta mañana, puedes venir a casa después de la fiesta. —Sonrió, y se tiró a la cama a leer un libro que había encontrado en la pequeña biblioteca de la casa.

—Nop, quiero que vengas conmigo… A la fiesta.

—No, gracias. —Respondió y siguió leyendo el fascinante libro.

Emma se lo sacó de las manos, y sin mirar hacia algún lugar, lo tiró, y cuando escuchó el sonido del libro chocar contra algo, supo que lo había lanzado fuera de la habitación ya que, la ventana estaba abierta.

— ¡Emma! —Le recriminó Paula, ella solo rió… Agarró un vestido, y se lo tiró en la cara a Paula.

—Te cambias, Paula. —Le señaló con el dedo.

Iba a quejarse pero, Emma le calló. Estaba completamente decidida en llevar a su amiga a una fiesta, emborracharse y después quejarse por las cosas que hicieron… Le costaría sacarla de la casa, pero no iba a dejar que en su adolescencia se quedara leyendo libros mientras tenía la libertad que tenía en esa casa.

El vestido consistía en ser totalmente negro con una sola manga hasta la muñeca donde había algunos retoques, brillos plateados. El otro hombro era totalmente descubierto. La fiesta ya había empezado pero, siempre era mejor llegar tarde a ser la primera persona que entra en la casa del desorden. Emma sentó a Paula en una silla de la habitación, le vendó los ojos, y le empezó a peinar el cabello. Se lo planchó, y después le hizo un rodete con algunos mechones cayendo por su cara en forma enrulada debido al rizador.

—No puedo creer que me obligas a hacer esto… Tú puedes ir sola, Emma.

—Lo sé, lo sé… Pero no quiero que pases toda tu vida diciendo: “Debí de aprovechar la adolescencia.” La vida se vive solo una vez, y tú desaprovechas la oportunidad que Dios te dio. —Sonrió, aunque Paula no pudiera ver su sonrisa.

—Odio cuando te haces la inteligente, ¿sabías eso?


Paula se quedó mirándose al espejo mientras que Emma le esperaba abajo con las llaves del auto de Diego… Por primera vez, no se sentía fea. Le gustaba como el vestido resaltaba su cuerpo, aunque no tuviera la mejor figura, el maquillaje hacia que las fracciones de la cara fueran mucho más bonitas, sus ojos parecían totalmente enormes y llamativos, le encantaba. Sonrió al espejo, tomó una cazadora de la silla, y bajó las escaleras con los zapatos en mano… No se los pondría hasta llegar a la fiesta, eran altos y dolorosos pero como dicen: “La belleza cuesta.”


Al aparcar el auto a unas cuadras de la casa, se notó que el lugar era para que gente con mucha adquisición económica, autos últimos modelos, casas totalmente edificadas a la perfección, y hoteles de lujos a los alrededores… Bueno, era un barrio totalmente privado, había rejas alrededor de todo esto. La música se escuchaba a las cuatro cuadras de diferencias. Paula, se colocó los zapatos altos, y salió del coche. Emma le había enseñado, en dos horas, como caminar con los mismos sin caerte, y aunque no fue mucho tiempo, lo entendió bastante bien. La gente entraba para ir a buscar otro trago, y salía para tomar un poco de aire… El clima estaba lo bastante cálido como para ser una noche en Londres.

Había una entrada de un pasillo totalmente descubierto antes de pasar por la puerta de la casa, a los alrededores había muchas parejas, muchos chicos, y chicas tomando de su vaso de plástico, pero una persona llamó la atención de Paula, un chico de ojos verdes con una camisa blanca remangada hasta los codos, y unos pantalones informales negros estaba parado con un vaso en su mano riendo con una chica que no era Sandy.


—No empezó bien la fiesta.
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Realmente me siento culpable por no haber subido durante todo este largo tiempo, creo que ni siquiera bastaría con subir 10 capítulos, espero que puedan disfrutar los tres capítulos que acabo de subir y hoy por la tarde estaré subiendo otros 3 capítulos. Mil disculpas

Espero que les haya gustado, comente aca o en mi Tw @LoveClariego

¡Buenas Noches!

Novela Let Me Die - Capitulo 22

Capítulo veintidós.— Let me die

''Y todo el tiempo creí que te encontraría, el tiempo ha traído tu corazón hasta mí. ‘‘

Era jueves, habían pasado dos días de que volvió a su casa, pero todavía seguía sin recordar nada de las veinticuatro horas del lunes. Había estado observando la caja roja que Pedro había dejado con ansias por saber que había dentro, no la tocó, trataba de evadirla pero siempre le llamaba la atención. No sabía qué era, y tenía unas inmensas ganas de averiguar que contenía.


Caminó hacia su escritorio de madera, y agarró la cajita, examinó toda la parte exterior de la misma, era pequeña, tenía detalles en dorado, parecía que era de alguna joyería.

La abrió, y una palabra resaltó en la misma, se quedó maravillada. Era un colgante que poseía la palabra “Ángel” sobre ella. Al minuto que lo sostuvo sobre su mano, la volvió a meter a donde pertenecía.

« ¿Por qué me dio esto? »

«Paula, no caigas en su juego. Te está usando. Nunca lo olvides. »

« No le importas, él te ve como un niño a un juguete nuevo. »

Era de noche, por lo tanto, volvió a la cama. A la mañana del día siguiente le entregaría la caja a Pedro para que se la dé a su novia, o alguna de todas las chicas que estaban locas por él. Paula no quería tener nada que tuviera que ver con Pedro, pero cada vez que intentaba alejarlo de su mente, el color de sus ojos se quedaba marcado en su cabeza como una imagen intacta.



Ninguna clase le coincidió con Pedro hasta que llegó Química. Él estaba rodeado de sus amigos, y su novia quien tenía a sus clones haciéndole la tarea a último minutos. No se atrevió a caminar hacia donde él, y por lo tanto, siguió su camino a su lugar de siempre con Emma a su lado.

La hora pasó muy rápido y cuando, no se lo imaginó, todos salían del aula con la única tarea: Salir del Instituto y no verlo hasta la semana que viene. Sandy besó a su novio, quien le manoseó el trasero, y salió.

Paula le pidió a Emma que le esperara en la puerta por si Sandy volvía, y le hacía algo. Siquiera, la tendría a ella para que le ayudara.

Dejó la cajita en el pupitre de Pedro, y se dio media vuelta sin decirle ninguna palabra como lo tenía planeado, el miedo –que no supo de donde vino– se apoderó de Paula en el momento en que en vez de salir por la puerta, dobló en los primeros asientos para ir donde Pedro.

Él la detuvo tomándola del brazo, y sus cuerpos se chocaron. Paula se separó de él al instante.

—Creo que te confundiste de casa, eso no debía ser para mí. —Dijo Paula tirando su brazo del agarre de Pedro.

—No, te lo llevé a ti porque quería que lo tuvieras.

—No me vas a comprar… Puedes dárselo a Sandy o a todas las chicas que tienes atrás pero, a mí no me das cosas como esas porque no estoy loca por ti. —Acomodó su libro que llevaba en mano, y vio como Pedro agachaba la cabeza para mirarle a los ojos.

—Quiero que lo tengas tú, ¿vale?

Paula negó con la cabeza, y se separó de él un paso.

—No quiero tenerlo entre mis manos, ¿lo entiendes?

Pedro rió, y se acercó un paso, terminando en la misma distancia que antes. Acomodó un mechón de la cabellera castaña de Paula, y ella corrió su rostro para que no le tocara.

—Sí, lo entiendo. —Sonrió. —Pero, esto va en tu cuello.

Paula levantó la vista para observarle, se perdió en sus ojos. Eran muy lindos, pero no, ella no iba a caer como muchas lo hicieron. Cada cosa que él decía era mentira, él siempre iba a ser la razón por la que se cortó la primera vez. Por la que su mente empezó a hacerle la contra, nunca nada iba a cambiar eso…

—Quédatelo, no lo quiero. —Dijo, y se dio media vuelta alejándose de él, antes de salir por la puerta se detuvo. Pedro estaba con la boca boquiabierta. —Tampoco deseo tenerlo sobre mi cuello, créeme.


Al decir esto último, salió del salón y se encontró con Emma, quien miró hacia dentro. Ambas sabían que Pedro sentía “algo” por Paula, pero ella estaba con Diego y le quería… Subieron al auto de Diego cuando escucharon que alguien gritó el nombre de Paula, sacó la cara por la ventanilla y se encontró que Pedro se había quedado parado en la calle mirando como el auto se iba.
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Sigue →

Novela Let Me Die - Capitulo 21

Capítulo veintiuno.–Let me die.


''He muerto todos los días esperándote, no tengas miedo de que te haya querido, durante mil años. Te querré por otros mil más. ‘‘

Las paredes eran blancas, y lo único que resaltaba de ese lugar eran las maquinas alrededor de la habitación. La única luz que había era la que colgaba del techo. Era muy de noche, intentó buscar algún reloj pero no había ninguno a su alrededor. Miró hacia la ventana, y sacó una conclusión de que eran las como las tres de la mañana.

Volvió a posar su vista en las paredes, y se dio cuenta de que esa no era su habitación. A lo lejos, había una puerta blanca con un pequeño vidrio por el cual podías ver cómo la gente pasaba por detrás de esta. Paula estaba tranquila observando las pocas cosas en su alrededor. No entendía nada. Un doctor entró en su sala, y le sonrió al ver que había despertado.

Le hizo algunas preguntas, y revisó cada uno de los aparatos.

Paula se sentía totalmente neutra, no entendía que estaba pasando pero eso no la inquieto, tampoco la puso ansiosa.

— ¿Recuerdas por qué estas acá? —Le preguntó el médico mientras iba al dispensador de agua, y en un vaso sirvió para ella.

—No, ¿Qué pasó?

—Te desmayaste, te habrás dado un golpe en la cabeza, ¿de eso te acuerdas?

Paula volvió a negar con la cabeza, las últimas veinticuatro horas se le habían borrado de la cabeza. El doctor asintió con la cabeza, le dio una sonrisa y se fue. Unos minutos después, su padre entró a la sala. Estaba con las cejas fruncidas, y con una cara de preocupación inexplicable. Al ver a su hija bien, una sonrisa se extendió por su cara. Le besó la frente, y dejó el saco en la camilla.

— ¿Hace cuánto tiempo estoy aquí?

—Desde la una de la tarde de ayer —Suspiró y pasó una mano por su cara, intentado relajarse. —, ¿No te acuerdas de lo qué pasó?

Paula susurró un “No”, una pérdida de memoria de todo lo sucedido en veinticuatro horas ¿Era posible? A pesar de que estaba tranquila, no le gustaban los hospitales, estos traían recuerdos e imágenes borrosas a su mente. Algunos momentos pasaron por su cabeza a mucha velocidad, tomó la mano de su padre, y le sonrió. No sabía por qué iba a preguntarle tal cosa sabiendo que a él le lastimaría pero, necesitaba hacerlo.

— ¿Te acuerdas de la sala en la que mamá murió?

A su padre, la pregunta lo tomó por sorpresa. Tosió repetidas veces antes de estar estable para poder responder. Sin que él pudiera hacerlo, el doctor entró a la habitación con unos papeles en la mano, se los entregó a Miguel y empezaron a hablar sobre los cuidados que tendría que tener ya que, el golpe en la cabeza fue fuerte aunque ella no lo hubiera notado. Escuchó que el Doctor le dijo a su padre que este no era su primer golpe por las radiografías que le habían sacado, y esa, en parte, era una razón por la cual ahora estaba en una camilla encerrada por cuatro paredes blancas.



A la tarde de ese mismo día, Paula pudo salir del Hospital. Emma y Diego habían estado esperando por ella desde que él la encontró en el piso de la casa de esa forma. Al llegar a casa, Emma se quedó con ella, y Diego se fue. Paula se tiró a la cama, y al golpear la cabeza con el colchón, sintió una punzada en medio de esta, cerró los ojos con fuerza esperando que el dolor pasara… Y así fue.

— ¿Sabes qué me pasó?

—Solo sé una parte, espero que puedas recordar cómo te golpeaste la cabeza…

—Cuéntame que pasó así, capaz recuerde. —Sonrió, y se sentó en la cama cruzando sus piernas, una arriba de otra.

—Tenías una cita con Diego, y tú le habías mandado un mensaje diciendo que irías primero a tu casa para buscar algo, y entonces… Diego esperó por media hora, y no aparecías, siguió esperando por otros diez minutos, no le respondías los mensajes, y se preocupó. Fue para tu casa, y empezó a tocar la puerta, nadie respondía, y al abrir la puerta algo la trabó. —Caminó hacia su lado, y se acostó en la cama. —Y era tu cuerpo, estabas tirada al lado de la puerta, bloqueándola. —Emma acarició el brazo de Paula y ella solo miró hacia el frente divagando en su mente, pero nada, todo estaba blanco, y vacío.

— ¿Y qué hizo?

—Me llamó, él no es bueno cuando se trata sobre qué hacer cuando alguien se desmaya o se lastima de una manera muy fea, como esa vez que te vio después de caerte por las escaleras. —Dijo, y lamió sus labios.

— ¿Por qué?

Emma hizo una mueca con la boca, y con tal solo el recuerdo, sintió como sus ojos ardían porque quería llorar. Sorbió los mocos ya que, estaba enferma y se sentó en la cama mordiendo su labio.

—Papá murió al lado de él, Diego presenció su muerte, y desde entonces, tiene miedo a todo cuando se trata de hospitales, muertes o enfermedades.

Paula no sabía eso. Fue un detalle que ocultaron, sabía que Emma no tenía papá, se lo había comentado una vez que ella fue a la casa de su madre. Diego tenía diecinueve años, y su padre murió cuando él tenía la edad de siete, y la rubia de cuatro.

Emma odió el silencio, y se paró de la cama de su amiga. Respiró hondo, y se abanicó con sus manos los ojos para que estos se relajaran.

—Veamos alguna película, o hagamos algo. No quiero hablar de esto, ¿te parece?

Paula le sonrió, y le entendió. A ella tampoco le gustaba hablar de la muerte de su madre.



Se hizo de noche, y por lo tanto, Emma se marchó de la casa dejando a Paula sola con su padre en la parte de abajo. Él hablaba por teléfono sobre negocios. Ni un día, siquiera ese, podría estar disponible para hablar. Se imaginó que en su boda, si es que alguna vez se casara, Miguel estaría fuera del salón para cuando ella dijera si porque estaría ocupado por el maldito trabajo.

Cortó la llamada, y sacó su bolígrafo para anotar algunas cosas en su carpeta, su hija estaba parada con los brazos sobre su pecho.

—Cuando me case, y este por dar el sí, ¿vas a estar ahí o vas a estar hablando sobre cerrar un trato fuera de la iglesia? —Dijo, y sonrió cínicamente. Su padre negó con la cabeza, y frunció las cejas.

— ¿Por qué lo dices?

— ¡Es que vives ocupado! —Exclamó, y se dio media vuelta para irse, su padre le llamó y ella solo le ignoró hasta que después de tantos llamados, se detuvo.

— ¿Qué sucede contigo, Paula?

—Siempre estas ocupado, y hoy que salí del Hospital, esperaba que pudiéramos siquiera ver una película mientras tomamos chocolate caliente pero no es posible… —Sus brazos cayeron a sus piernas. — ¿Y sabes por qué? ¡Porque no puedes soltar el puto teléfono nunca! —Le gritó desde el piso de arriba.

— ¿De nuevo con lo mismo, Paula?

— ¡Sí! De nuevo con el jodido tema. —Escupió sin vacilar.

Su padre subió las escaleras sin ganas, su hija le esperaba con el ceño fruncido. Le señaló con el dedo índice.

—Soy un padre soltero, que perdió a su mujer y tiene que cuidar de su hija solo, también tiene un trabajo para poder pagar todas las cuentas… No puedo con todo esto.

—Si no puedes hacerlo, ¿por qué no me diste en adopción cuando mamá murió?

Sonrió, y corrió a su habitación. Cuando cerró la puerta de la misma, se arrepintió de lo que había dicho, no estaba siendo justa. Le trataba mal y eso era lo último que quería hacer. No deseaba estar peleada con su padre. Él sin duda, a pesar de todo, siempre sería el mejor papá de todo el planeta.

Pedro salió por la puerta del baño, y Paula dio un salto, no lo esperaba.

— ¿Siempre te peleas así con tu padre? —Preguntó peinando su cabello.

— ¿Te importa? —Respondió en un susurro esperando que su padre no le escuchara.

— ¿Por qué no fuiste al Instituto? ¿Te sentías mal?

— ¿Por qué vienes aquí, y me preguntas como si te importara? Vete con Sandy y tus amigos, por favor. —Le señaló la ventana, y Pedro soltó una sonrisa pequeña, y entendió que hablaba en serio.

—Me importas, Paula.

Ella negó con la cabeza, y caminó hacia él para empujarlo hasta la ventana y que se fuera por donde vino.

—No te importo, no te hagas el bueno, Alfonso.

—Ayer te dije… —Frunció el ceño. — ¿Qué pasó contigo?

Ahí fue cuando Paula cayó en cuenta de que él tuvo que ver con lo que le pasó ayer por la mañana para que se desmayara. Sabía que él había estado involucrado. Lo quería fuera de su habitación ahora mismo, y si él no se iba, Paula se encargaría de sacarlo de cualquier manera.

—No te quiero ver nunca más acá, ¿entiendes?

—Paula…

—Tú me odias, y te encanta molestarme… Así que, hazlo en el Instituto, pero en mi casa, déjame sola, no quiero que estés aquí, ¿Ok?

Pedro se dio media vuelta, y dejó algo sobre el escritorio. Bajó de la misma manera que subió, y Paula le vio alejarse sobre la calle.


Él era un idiota, pero por alguna razón, al verlo irse con las manos sobre sus bolsillos, se sintió mal, y una mezcla de sentimientos apareció en su pecho.
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